Estaba rodeado de los mas pintorescos seres, soldados, guerreros, dragones, dinosaurios y una larga lista de criaturas y vehículos igual de increíbles.
Todos estaban apiñados, presos del mismo gigante que frecuentemente los sacaba a pasear y a que tomaran algo de aire.
De vez en cuando alguno desaparecía, pero pronto era sustituido por otro igual de sorprendente y raro.
El, un pirata temible, había llegado hasta allí cautivo, dentro de una especie de celda de transporte, y totalmente cubierta para que no supiera donde estaba. Hacia ya un tiempo de esto, y la verdad, quitando las apreturas de la noche, en que todos tenían que dormir juntos y amontonados, no se vivía mal del todo. Había entablado amistad con un apache, con un soldado del séptimo de caballería y con un mecánico de carreras, y casi todas las tardes jugaban su partida de cartas, o charlaban de sus cosas si mas.
En un principio se unieron con la idea de organizar un plan de fuga, pero poco a poco aquello quedo en el olvido y se limitaban a ver pasar el tiempo, y a comentar sobre los nuevos inquilinos o las bajas sufridas en su mundo particular.
Quizás esa vida no fuera ideal, pero ¿Donde se viviría mejor que en una caja de juguetes?
Jajaja... no acababa de entender esa mezcla tan extraña de personas y criaturas, y se trataba de juguetes, jajaja... un muy buena historia
ResponderEliminar¡Por fin una historia de juguetes! ;)