jueves, 2 de agosto de 2012

Un mundo distinto.

El tiempo no corría allí dentro.
Estaba rodeado de los mas pintorescos seres, soldados, guerreros, dragones, dinosaurios y una larga lista de criaturas y vehículos igual de increíbles.
Todos estaban apiñados, presos del mismo gigante que frecuentemente los sacaba a pasear y a que tomaran algo de aire.
De vez en cuando alguno desaparecía, pero pronto era sustituido por otro igual de sorprendente y raro.
El, un pirata temible, había llegado hasta allí cautivo, dentro de una especie de celda de transporte, y totalmente cubierta para que no supiera donde estaba. Hacia ya un tiempo de esto, y la verdad, quitando las apreturas de la noche, en que todos tenían que dormir juntos y amontonados, no se vivía mal del todo. Había entablado amistad con un apache, con  un soldado del séptimo de caballería y con un mecánico de carreras, y casi todas las tardes jugaban su partida de cartas, o charlaban de sus cosas si mas.
En un principio se unieron con la idea de organizar un plan de fuga, pero poco a poco aquello quedo en el olvido y se limitaban a ver pasar el tiempo, y a comentar sobre los nuevos inquilinos o las bajas sufridas en su mundo particular.
Quizás esa vida no fuera ideal, pero ¿Donde se viviría mejor que en una caja de juguetes?

1 comentario:

  1. Jajaja... no acababa de entender esa mezcla tan extraña de personas y criaturas, y se trataba de juguetes, jajaja... un muy buena historia

    ¡Por fin una historia de juguetes! ;)

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