Esto solo es una forma de gritar en silencio al mundo todo lo que siento, como lo siento, pero atraves de breves historias sin importancia.
Para los que no me conozcan dire que no soy nadie, y para los que si tengan esa mala suerte, les pido disculpas de antemano por airear sentimientos con los cuales quizas se sientan identificados.
Las aguas del lago estaban calmadas, tanto como su mente, mientras practicaba su deporte favorito, la pesca.
Acababa de amanecer, y el reflejo del sol en el espejo que eran aquellas calmadas aguas, le hacían sentirse feliz, como ninguna otra cosa. Solo el leve ondular del sedal perturbaba aquella calma.
Aun no había picado ningún pez, pero eso era lo de menos, el se encontraba allí para estar en paz consigo mismo.
Noto un tirón en la caña, y se apresuro a recoger sedal.
Parecía una pieza grande, ya que le costaba mantener ventaja en la lucha.
Los minutos pasaban y no conseguía sacarla a flote.
Estaba convencido de que aquel seria el mayor trofeo de su vida, y con ese convencimiento perseveraba cada vez mas en la batalla.
De repente, sintió que dejaban de tirar, y que el carrete corría con demasiada facilidad. "Lo he perdido"-Pensó.
No quedaba otra que volver a poner cebo y comenzar de nuevo.
Cuando tenia practicamente todo el sedal recogido, el pez volvió a tirar, y lo hizo con tanta fuerza que el pescador salio de la barca despedido y se sumergió en el agua.
La caña se le escapo de las manos y la observo alejarse a gran velocidad sobre por el lago.
Subió como pudo a la barca, se tumbo sobre la misma y mientras contemplaba el cielo azulado pensó:" El pescador pescado. Bonito final para una mañana de pesca".
Mientras contemplaba pasar la vida a través de la ventana del pequeño compartimento que ocupaba en aquel tren, mordía la tapa de su bolígrafo, como había hecho desde pequeña, desde que le dieron aquel primer boli verde en el colegio.
Miraba como las copas de los arboles se mecían por el viento, como el otoño había logrado que las ramas se vieran casi desnudas.
El tren paro en la siguiente estación, como había hecho mas de diez veces ya, y un apuesto joven, de tez pálida, azules ojos y una bonita media melena, lisa y morena, se sentó frente a ella en aquel pequeño cubículo.
Se sonrieron y desde el primer momento la conversación fluyo entre ellos con facilidad.
Ella sintió mariposas en el estomago, cosa que le incomodo un poco.
Desde hacia tiempo cada vez que se había enamorado de algún chico, este había acabado haciéndola daño y había tardado meses en recuperarse, con lo que había decidido que no volvería a pasar por ello.
El tren continuo su marcha y ellos continuaron charlando y riendo.
El tiempo volaba y las mariposas se hacían mas y mas grandes.
Un par de horas después, se sentía como una cría esperando su primer beso, el chico era quizás el ser mas encantador que jamas hubiera conocido.
Antes de llegar a su ultima parada el tren atravesó un túnel, en el cual el joven aprovecho para acercarse a ella.
Cuando el personal de limpieza recorría el tren antes de realizar el viaje de vuelta, se asustaron y llamaron a la policía.
En uno de los compartimentos, habían encontrado a un apuesto joven, desangrado. Tenia un bolígrafo perforando su yugular, y junto a el solo estaba la tapa del mismo mordisqueada.
La noche se había tragado al mundo.
Las almas vagaban tristes por la tierra embutidas en cuerpos humanos descuidados y desaliñados.
El ser hombre, como especie estaba practicamente extinguido, y los pocos que quedaban volvían a parecer mas monos que hombres.
Desde la caída del meteorito y sus desastrosas consecuencias, nada ni nadie había vuelto a ser como antes. Una oleada de muerte y devastación había recorrido la tierra, y la lucha por los pocos víveres que quedaban había transformado a los pocos pobladores que quedaban en fieras hambrientas y despiadadas. Nadie era capaz de confiar en quien tenia al lado, así que las familias, las poblaciones y las naciones desaparecieron en pro del individuo. Con esto además desapareció la posibilidad de procrear, y cada vez era mas extraño encontrar personas sobre la tierra.
En una gélida mañana, dos de estos seres coincidieron, sus instintos les hicieron mostrarse los dientes mientras empuñaban sus respectivos cuchillos. Se miraron fijamente, manteniendo un pulso de fuerzas a traves de esas miradas. Uno de ellos relajo la mirada e incluso esbozó una sonrisa al ver la profundidad del mar en los ojos del otro. "Debió de ser la mujer mas hermosa sobre la tierra"- Pensó.
Ella también se relajo, hacia años que no veía a nadie sonreír, y sintió calor en su interior.
Ambos seguían sosteniendo sus cuchillos, ambos seguían restándose, pero el sol debió de decidir que aquello era importante, y los bañó con un solitario rayo.
Paso a paso se fueron acercando, paso a paso fueron bajando sus armas.
Se observaron, esta vez casi tocándose. Sus tensos rostros se relajaron completamente.
Se saludaron y sin darse cuenta comenzaron a hablar de sus vidas en este terrible mundo.
Decidieron cazar juntos, aunar sus fuerzas, y casi sin percatarse de ello, pasaron a vivir el uno con el otro.
El rayo de sol que los ilumino ya nunca los abandono, y en ese preciso momento, comenzó un nuevo amanecer para el hombre.
Entre ellos existía una complicidad que la llenaba de alegría.
Aunque el era un bobo como pocos, su amistad se había convertido en algo realmente importante para ella, le proporcionaba una tranquilidad que ningún hombre le había dado.
Pero ella guardaba un secreto que le impedía vivir con tranquilidad, algo que si el lo supiera quizás cambiara su comportamiento hacia ella.
Hace no demasiado tiempo, cuando el trabajo se puso complicado, y la vida se burlaba de ella, decidió buscar una solución a sus problemas. Buceo en toda clase de libros, investigo en la red sobre posibles remedios o soluciones, y al final se decidió por probar con algo tan antiguo como el ser humano y que creía que solo era una leyenda.
Se vistió de negro, salio en plena noche y se dirigió a un cruce de caminos. Una vez en el, arranco la cabeza a una gallina que había comprado esa mañana, regó con la sangre del ave una biblia, y después la prendió fuego.
Desde ese día sus problemas se resolvieron, su vida paso a ser como un cuento, todo lo que deseaba lo conseguía casi sin esfuerzo, y jamas sufrió una enfermedad.
Ahora por primera vez se sentía mal por guardar un secreto, y no era aquel rito, no, era lo que ella había ofrecido a cambio de todo aquello.
Decidió dar un paso hacia adelante y contárselo a el.
Esa misma noche, como siempre el la dijo:" Cuentame un secreto".
Ella puso su mejor sonrisa y mirándole a los ojos contesto:"Estoy casada con el diablo".
El rió a carcajadas, y le pregunto:" ¿Y como fue?"
Poniéndose muy seria le contó el ritual, le explico como el diablo apareció y le propuso un trato, lo tendría todo a cambio de burlarse del rito del matrimonio casandose con una mortal, y que además ella tendría que darle un hijo cuando el se lo pidiera.
El no podía dejar de reír mientras la escuchaba, le parecía la mejor historia que le habían contado jamas.
Ella lo estaba pasando fatal, y deseo no habérselo contado. Como cada cosa que deseaba se cumplió, y la conversión volvió al principio, a la frase típica de el:"Cuentame un secreto".
Ella sonrió y contesto:"Sabes que no tengo secretos para ti".
Como todas las mañanas, se estiro al despertar antes de saltar de la cama.
Bebió algo de agua y salio a la calle a correr, costumbre que tenia desde pequeño y que no abandonaba lloviera o hiciera frío.
El resto de la mañana la pasaba tirado sin hacer nada, aunque en ocasiones gustaba de practicar con un balón, o refrescarse en la piscina de su casa.
Era atractivo y lo sabia. Cuando salia a la calle, no había mujer que no se volviera a mirarle, e incluso se acercaban a el sin ningún disimulo para decírselo.
Tenia por costumbre pasar la tarde con sus amigos, algunos días haciendo deporte, otros simplemente por hacerse compañía, y en mas de una ocasión peleando.
La vida le sonreía y el devolvía la sonrisa cada vez que podía.
Es cierto que en ocasiones había recibido mas de una bronca por su carácter cabezon e indomable, pero en general le apreciaban e incluso le querían y eso le hacia sentirse bien.
Vivir no era tan difícil como escuchaba a la gente decir, y la crisis el no la había notado, quizás estaba teniendo suerte, pero el seguía con su ritmo habitual de vida.
De todas formas, cuando eres un perro querido todo es mas fácil, todo es vivir.
Esa mañana había despertado con ganas de comerse el mundo.
Preparo su mochila y se dirigió al helipuerto que tenían en el campamento. Allí la esperaban su cámara, un técnico de sonido y el piloto.
Hoy seria el día en que descubriría y mostraría al mundo por fin esa tribu perdida en el Amazonas que jamas nadie había contactado. Cargaron el equipo y subieron al viejo aparato. En unos segundos estaban sobrevolando la enorme selva y la emoción no la dejaba parar de hablar. Estaba feliz.
Cuando no hacia ni una hora del despegue y ya se encontraban cerca de su destino, noto una fuerte sacudida, algo no funcionaba bien. El helicóptero comenzó a girar sobre si mismo y un humo negro inundo la cabina. Caían a gran velocidad y las copas de los arboles se veían mas y mas cerca.
Cuando recupero el conocimiento, se sintió dolorida, magullada y por suerte viva.
Miro a su alrededor en busca de sus compañeros y vio al cámara tirado en un charco de sangre a su lado y sin señales de vida. El piloto permanecia en su asiento, aunque de del respaldo del mismo surgía una rama ensangrentada que debía de atravesar su cuerpo.
La puerta del helicóptero estaba abierta, así que imagino que el técnico habría salido, se puso en pie con dificultad y salio en su busca. Lo encontró nadando, tratando de atravesar el río en dirección a ella. Al menos no estaba sola, pensó.
Cuando ya estaba cerca de su orilla, observo como el agua cobraba vida entorno a su compañero, el río se tiño de golpe de un color rojizo, y miles de pirañas con sus afilados dientes, dieron cuenta del chico que seguía intentando nadar, aunque en sus brazos aparecieran esos bichos colgados y desgarrando la carne. Segundos mas tarde, el cuerpo desapareció, y el agua torno a su calma habitual.
Las lágrimas inundaron sus ojos, y aunque intento gritar, el estado de shock en el que se encontraba no se lo permitio.
Regreso sobre sus pasos, y al llegar de nuevo al lugar del siniestro, descubrió a unos indígenas de aspecto afable sentados junto al helicóptero. Se acerco con una medio sonrisa, eso era lo que había ido buscando, la tribu perdida.
Cuando llego a su lado, ellos ni se inmutaron, solo la miraron y la sonrieron.
Un escalofrío recorrió su cuerpo, sus bocas estaban rojas, y en sus manos sostenian trozos de carne, incluso miembros enteros de sus compañeros de aventura, que saboreaban como ella haría con una buena hamburguesa.
Se dio la vuelta y comenzo a correr. Lo hacia sin rumbo, sin saber a donde dirigirse.
De repente un indígena apareció justo delante de ella, por la velocidad de la carrera no pudo esquivar la lanza que este portaba y ella sola se ensarto en la misma, sintiendo como se desgarraba su vientre y su espalda.
El indígena sonrió, se relamió he izo chocar sus dientes.
Esa mañana se había despertado con ganas de comerse el mundo, pero lo que no sabia es que el mundo se la comería a ella.
Las piernas no le respondían y notaba que le faltaba el aire.
La pendiente parecía no acabar nunca, y su fatiga crecía por momentos. Lamento no haber cogido algo para beber por el camino. Sentía como sus músculos se calentaban a cada paso por la quema de proteínas. Hoy además hacia sol y habían vuelto a subir las temperaturas. Estaba claro que no había escogidó el mejor día para hacer aquella machada.
Se cruzo con un par de personas que descendían y le saludaron amablemente.
El sudor empapaba su camiseta y corría por su frente como ríos salvajes.
Veía el final, pero parecía no llegar nunca. Tan duro estaba siendo que se planteo parar a descansar, pero lo descarto porque sabia que si paraba luego le costaría mas reanudar el ascenso.
Así que se armo de coraje y continuo sin pausa pero cada vez mas despacio.
Poco después la pendiente se suavizo hasta convertirse en un llano, respiro con fuerza y levanto los brazos como aquel boxeador de no se que película.
Lo había conseguido.
Cuando se propuso la hazaña dudo de su capacidad, pero ahora se reía del mundo.
Había logrado bajar al pueblo a por tabaco y había subido la cuesta de unos 200 metros sin ayuda de nadie, y sin usar el coche.
El momento en el que mas dudo fue cuando los niños le adelantaron corriendo y se perdieron de su vista, y cuando la señora con el carro de la compra totalmente cargado le había superado y sin que tuviera ni una gota de sudor en su frente. Pero aun así lo consiguió, era todo un machote.
Eso si, no volvería a hacerlo, ya que casi una hora para esa distancia le parecía ridículo, la próxima vez seria preferible ser menos vago y subir las escaleras que le separaban de su habitación y bajar en coche. Había sido tan vago que no había ni calculado los pros y los contras de subir o no a por las llaves, y las consecuencias habían sido terribles.
Aunque quizás conociendo sus pocas ganas de moverse, dejara de fumar solo por no moverse.
Sea como sea, se sintió un tipo fuerte solo por unos minutos, ya que un esfuerzo así requería una siesta, y esas cosas si que no las perdonaba.